XIV — Les kibboutzim
Chapitre XIV
ESTUDIO DE CASO: LOS KIBUTZIM
Israel ofrece un laboratorio único de vida comunitaria voluntaria con dos modelos principales: los kibutzim (comunidades enteramente colectivas) y los moshavim (cooperativas con propiedad individual) [41][42]. En su apogeo en los años 1980, los kibutzim contaban con 125.000 miembros repartidos en 270 comunidades, mientras que los moshavim agrupaban aún más.
14.1 — La diversidad de modelos
Contrariamente a la imagen monolítica a menudo vehiculada, el movimiento kibutzico comprendía varias federaciones con filosofías distintas:
- HaKibbutz HaArtzi (Hashomer Hatzair): el más colectivista, laico y socialista
- HaKibbutz HaDati: kibutzim religiosos que combinan Torá y trabajo colectivo
- Takam: federación más moderada, surgida de fusiones
- Kibboutz Poalim Datiim: otro movimiento religioso
Los moshavim representaban una alternativa menos radical: tierras cultivadas individualmente por cada familia, pero servicios mutualizados (comercialización, compras agrupadas, crédito). Es un modelo intermedio entre propiedad privada y colectivismo integral.
14.2 — Lo que ha funcionado
Longevidad excepcional. Más de un siglo de existencia continua [41]. Ciertos kibutzim fundados en los años 1910 siguen existiendo. Es la prueba de que una comunidad voluntaria puede atravesar las generaciones.
Productividad agrícola. El modelo cooperativo ha permitido movilizar colectivamente los recursos para roturar tierras áridas y construir infraestructuras de irrigación. Esta ventaja de arranque era decisiva antes de la mecanización intensiva [42].
| Tipo | % pob. rural | % tierras cultivadas | % producción |
|---|---|---|---|
| Kibutzim | ≈ 21% | ≈ 35-40% | ≈ 40% |
| Moshavim | ≈ 44% | ≈ 40-45% | ≈ 36-40% |
| Total cooperativo | ≈ 65% | ≈ 80% | ≈ 76-80% |
| Otros pueblos | ≈ 35% | ≈ 20% | ≈ 20-24% |
Fuentes: Israel Ministry of Foreign Affairs (1999), Israel Central Bureau of Statistics (2017), OECD Review of Agricultural Policies.
Hoy, la productividad por hectárea de las cooperativas es comparable a la de las explotaciones individuales — el modelo colectivo ya no es una ventaja productiva, pero tampoco es un handicap.
Las quiebras como prueba de buen funcionamiento. A partir de los años 1980, más de la mitad de los kibutzim quebraron. Lejos de ser un fracaso del modelo, es la prueba de que la selección natural funcionaba: las estructuras mal gestionadas o inadaptadas desaparecieron, las otras sacaron las lecciones y se reformaron. Los que han sobrevivido — unos 270 hoy — han probado su viabilidad sobre más de un siglo. Es exactamente lo que queremos para las Colectividades Autónomas: sin rescate estatal, sin supervivencia artificial, sino una evolución darwiniana de los modelos organizacionales [42].
Bienestar de las personas mayores. Los estudios muestran que los miembros mayores de los kibutzim presentan una esperanza de vida más elevada y un mejor bienestar psicológico que la población general [44][45]. El marco comunitario protege contra el aislamiento.
Diversificación exitosa. Frente a las dificultades agrícolas, muchos kibutzim se han diversificado hacia la industria, los servicios, el turismo. Esta adaptabilidad ha asegurado su supervivencia económica.
Coexistencia de modelos variados. El espectro iba del colectivismo integral (kibutz clásico) a la cooperación parcial (moshav), permitiendo a cada uno encontrar un grado de puesta en común adaptado a sus preferencias.
14.3 — Análisis económicos: igualdad, incentivos y migración
Los kibutzim han sido presentados durante mucho tiempo como una experimentación exitosa de colectivismo integral, combinando igualdad económica, propiedad común y democracia directa. Sin embargo, los análisis empíricos han puesto progresivamente en evidencia límites estructurales importantes. Los trabajos cuantitativos de Ran Abramitzky muestran que el igualitarismo estricto genera problemas de incentivo y favorece una selección diferencial de los miembros: los individuos con mayor productividad o capital humano son más propensos a dejar los kibutzim cuando las diferencias entre esfuerzo y remuneración se vuelven demasiado marcadas [52].
Esta dinámica de salida selectiva se ve reforzada por los mecanismos de redistribución internos. Abramitzky demuestra también que la intensidad redistributiva influye directamente en los flujos migratorios: cuanto más fuerte es la redistribución, más tienden a partir los miembros más productivos, fragilizando a término la base económica colectiva [53]. Estos resultados sugieren que la estabilidad aparente de los kibutzim enmascara tensiones económicas persistentes entre equidad y eficiencia.
En el plano histórico e institucional, los trabajos de Ben-Rafael documentan la crisis sistémica de los años 1980, marcada por el endeudamiento masivo, la erosión de la legitimidad ideológica y el auge de una gobernanza más tecnocrática. Esta crisis ha llevado a una transformación profunda del modelo, con la introducción progresiva de salarios diferenciados, de mecanismos de mercado y de formas de propiedad parcialmente privatizadas [54]. Estas evoluciones indican que el modelo colectivista original se ha revelado difícilmente sostenible sin concesiones mayores a la economía de mercado.
14.4 — Lo que plantea problemas
Hemorragia de los jóvenes. Desde los años 1980, los kibutzim pierden a sus miembros más dinámicos [43]. Los jóvenes parten hacia las ciudades, atraídos por las oportunidades económicas y la libertad individual.
Crisis del colectivismo puro. El modelo igualitario estricto (salarios idénticos para todos) ha creado tensiones. Los miembros más productivos se sentían explotados. La privatización parcial ha sido necesaria para sobrevivir [42].
Dependencia de las subvenciones. En los años 1980, muchos kibutzim acumularon deudas masivas, rescatadas por el Estado. La autofinanciación no era siempre real [43].
Homogeneidad cultural. Los kibutzim eran esencialmente asquenazíes. Esta homogeneidad ha facilitado la cohesión pero limitado la universalidad del modelo.
Convergencia hacia el moshav. Hoy, la mayoría de los kibutzim han adoptado “diferenciales” de salario y la propiedad privada parcial — acercándose al modelo moshav que rechazaban inicialmente [42].
14.5 — Lo que conservamos de los modelos israelíes
- La prueba de que comunidades voluntarias pueden durar décadas
- El bienestar de las personas mayores en comunidad (validado empíricamente)
- La diversificación económica como clave de supervivencia
- La ayuda mutua natural que reemplaza los mecanismos aseguradores formales
- La coexistencia de modelos variados (del más colectivista al más individual)
- El gradiente de colectivismo entre kibutz y moshav, que las CA retoman
14.6 — Lo que mejoramos
- Sin subvención estatal: la autofinanciación estricta es una restricción constitucional — los kibutzim fueron rescatados por el Estado
- Sin homogeneidad impuesta: la prohibición de selección identitaria evita el gueto — los kibutzim eran culturalmente homogéneos
- Libertad de salida sin estigma: en las CA, partir no es una traición — los kibutzim vivían las partidas como deserciones
14.7 — Lo que no retomamos
- El igualitarismo salarial estricto: fuente de tensiones y de fuga de talentos
- La ideología impuesta desde el exterior: una CA puede adoptar cualquier ideología (socialista, libertaria, religiosa…) si los miembros la eligen libremente — los kibutzim servían a una misión colectiva definida por el movimiento sionista
- La dependencia del Estado: sin rescate en caso de quiebra
- El modelo único por comunidad: cada CA elige su posicionamiento en el gradiente