XII — Ecosistema de las colectividades
Chapitre XII
ECOSISTEMA DE LAS COLECTIVIDADES
Las Colectividades Autónomas forman un ecosistema: se asocian, intercambian, se regulan mutuamente. Este capítulo describe su funcionamiento económico, sus asociaciones, y la filosofía que las anima.
12.1 — Las fuentes de ingreso de las CA
Una CA equilibra sus cuentas gracias a varias fuentes:
Trabajo de los residentes: salarios captados (empleos externos) o trabajo interno
Trabajo de los externos: misma lógica, retención más baja
Producción interna: agricultura, artesanía, servicios vendidos
Asociación con los seguros de desempleo: prima por colocación exitosa
Cotizaciones de los afiliados: simbólicas pero numerosas
Servicios a empresas: mano de obra, subcontratación
La diversificación asegura la resiliencia. Sin dependencia de una sola fuente.
12.2 — Las federaciones de CA
Las CA pueden asociarse en federaciones para:
- Tener más peso frente a los proveedores (compras agrupadas)
- Intercambiar sus experiencias y buenas prácticas
- Ampliar las posibilidades (vacaciones, movilidad, intercambios)
- Mutualizar ciertos servicios (formación, jurídico, contabilidad)
Es el equivalente de una franquicia o de una cooperativa de cooperativas. Economías de escala sin pérdida de autonomía local.
12.3 — La expulsión y la reputación
Una CA puede expulsar a un miembro que no juega el juego. Es esencial para que la autofinanciación funcione: no se puede cargar indefinidamente con polizones.
El miembro expulsado debe encontrar otra CA. Su reputación le sigue — no formalmente, pero por el boca a boca entre estructuras. Las CA que le acogen a prueba verán por sí mismas.
La prueba de 15 días sigue siempre siendo posible. La puerta nunca está definitivamente cerrada.
12.4 — Las estructuras ricas y pobres
Habrá CA ricas y CA pobres, incluso muy pobres. A cada cual según su trabajo. Ya no se fabrican generaciones de asistidos — al contrario, los miembros sufren las consecuencias de su comportamiento. Aprenden lo que no han aprendido ya: la vida real.
Una estructura que no es suficientemente productiva se empobrece. Se recupera con sus miembros, o desaparece. Los residentes deberán entonces buscar en otra parte, pero la experiencia servirá de lección a la mayoría.
Es duro. Es formador. Es la vida real.
12.5 — La opción autárquica
Para quienes rechazan toda regla colectiva — incluso las más flexibles — queda la autarquía rural. Un terreno aislado, una cabaña, herramientas básicas. Uno se las apaña solo, sin tomar nada de la sociedad.
No es un castigo. Es una oferta. Te han propuesto CA dirigidas, CA autogestionadas, todas las variantes. ¿Lo rechazas todo? Entonces vives con las consecuencias de tu rechazo. Es tu elección.
E incluso ahí, la reversibilidad existe. Quien cambia de opinión puede llamar a la puerta de una CA y pedir una prueba de 15 días. La puerta nunca está cerrada con llave.
El sistema sigue siendo formador, no punitivo.
12.6 — La asociación con los seguros de desempleo
Los seguros de desempleo (SD) tienen interés en orientar a sus asegurados hacia las CA: cuanto antes alguien encuentre un marco, menos tiempo paga el SD las indemnizaciones.
Información inmediata: desde el primer día de desempleo, el SD informa de la existencia de las CA como opción. No una amenaza de “sus derechos llegan a su fin”, sino una oferta desde el principio.
No una alternativa, un complemento: se puede buscar empleo desde una CA, con la ayuda de una CA, contribuyendo a una CA. Los dos se refuerzan. La CA ofrece un marco, contactos, ayuda mutua, una red. El desempleado permanece activo, útil, rodeado, durante su búsqueda.
Prima por colocación: el SD puede pagar una prima a la CA cuando un miembro encuentra empleo. La CA se convierte en un prestador de reinserción pagado por resultados.
Ayuda al arranque: el SD puede ayudar a crear nuevas CA sin financiarlas durablemente: puesta en contacto con lugares (pueblos abandonados, terrenos baldíos), agrupación de personas interesadas, préstamo de alojamientos temporales (pool de casetas prefabricadas a devolver una vez los edificios definitivos listos). Sin dinero dado, sin subvención — solo un empujón logístico.
Colaboración y afiliación: puede haber una colaboración formal entre SD y CA, una especie de movimiento, y esto puede incluso ser una parte de los ingresos de las CA. También se puede ser miembro externo de una comunidad, provisionalmente, antes, después, o de forma permanente. Se vive allí, se come allí, o se lleva la comida o los ingredientes a casa, se trabaja allí. Mixidad reforzada. Transiciones suaves.
12.7 — Los recursos dormidos
Recursos inutilizados esperan ser movilizados:
Pueblos abandonados: casas a 1€, municipios en busca de habitantes. Existen lugares faltos de habitantes que no piden más que ver llegar gente.
Terrenos industriales abandonados: edificios a renovar
Granjas abandonadas: tierras agrícolas en barbecho
Edificios públicos desafectados: antiguas escuelas, cuarteles, hospitales
El trato implícito: “Os damos los muros, vosotros traéis la vida.”
Construir algo a partir de nada, juntos, sin estar solos, puede dar una razón de vivir a quienes no la tienen o ya no la tienen. Quizás empezarán a vivir en tiendas o más bien prefabricados, eso les motivará a construir su comunidad. Otros encontrarán terrenos abandonados, terrenos industriales baldíos, edificios viejos, para renovar, empezar otra cosa.
12.8 — El arranque
¿Cómo crear las primeras CA? La historia ofrece modelos:
Los kibutzim: pioneros con una visión común, tierras disponibles, la urgencia de la supervivencia. La homogeneidad cultural también se crea en la acción y en la elección de las estructuras. La supervivencia colectiva del grupo jugará.
Emaús: comunidades de trabajo autofinanciadas por la recuperación, fundadas para los “casos desesperados” [194]
Los Castores: movimiento de autoconstrucción cooperativa de posguerra
El Familisterio de Guisa: viviendas obreras colectivas que funcionaron 100 años
Los ingredientes comunes: un proyecto que une, gente que no tiene nada que perder, recursos inmobiliarios infrautilizados, y la urgencia personal de los fundadores.
La transición (capítulo XXXIII) deberá crear las condiciones de este arranque.
12.9 — Lo que las CA no son
No un hotel donde se paga una noche.
No un restaurante donde se paga una comida.
No un centro de alojamiento donde se recibe una ayuda.
No una empresa de inserción donde se es “beneficiario”.
Se es miembro. Se trabaja. Se contribuye. Se comparten los frutos según lo que se consume.
12.10 — La prohibición de selección
Las CA no pueden seleccionar por base religiosa, étnica, política, ideológica, o cualquier otro criterio identitario. Pueden proponer opciones (comidas vegetarianas, huerto bio, sala de deporte) pero no imponer ni excluir.
Nada de gueto. Esta prohibición está inscrita en la constitución (protección de los derechos fundamentales, ámbito del Senado, modificación por 4/5).
12.11 — La filosofía: el mutualismo voluntario
Las CA encarnan lo que el socialismo pretendía ser — la solidaridad, la ayuda mutua, lo colectivo — sin lo que realmente era — la coacción, el Estado, la expoliación.
Es colectivismo voluntario en un marco libertario. Entrada libre, salida libre, autofinanciado, sin Estado. Las CA coexisten con el mercado. Nadie está obligado a vivir allí. Es una opción entre otras.
El socialismo fracasó porque era obligatorio. El mismo modelo, vuelto voluntario y competitivo, funciona.
Gente se encontrará bien allí, y continuará viviendo allí. La diversidad de reglas hará que la mayoría encuentre la horma de su zapato. Solo quienes no quieren seguir ninguna regla, o ser ayudados, estarán todavía “en la calle”. Y aun así, se pueden concebir muy bien sistemas de vida en autarquía en el campo para algunos de ellos. No hay varita mágica, pero habrá que buscar fórmulas suficientemente variadas para poder satisfacer a todos, o casi. Pero la clave es que cada entidad deberá ser financieramente autónoma.
12.12 — La pertinencia contemporánea de las colectividades autónomas
La existencia de colectividades autónomas no descansa en su popularidad, sino en un principio fundamental: individuos libres deben poder asociarse para vivir según sus valores, mientras se respeten los derechos de cada uno. Sin embargo, la historia reciente ofrece un indicador empírico importante: ciertas formas de vida comunitaria siguen siendo pertinentes hoy, porque responden a necesidades humanas reales.
Una demanda persistente a pesar del individualismo ambiente
Más de un siglo después de su creación, en una sociedad israelí vuelta muy liberal, muy individualista y fuertemente urbanizada, familias siguen pidiendo instalarse durablemente en kibutzim. Las cifras confirman este fenómeno: la población de los kibutzim ha aumentado de manera notable en las dos últimas décadas, pasando de aproximadamente 117.000 habitantes en el año 2000 a cerca de 190.000 a principios de los años 2020 [46]. Este crecimiento no se explica únicamente por la natalidad interna: incluye la llegada de nuevos hogares deseosos de adoptar un modo de vida comunitario.
Reportajes recientes muestran que ciertos kibutzim organizan jornadas de acogida que atraen a decenas de familias interesadas en una instalación permanente [47]. En 2025, un movimiento real de personas que buscan dejar las grandes ciudades para unirse a comunidades estructuradas se ha desarrollado hasta el punto de que ciertos kibutzim tienen listas de espera y exigen una participación financiera a la entrada [48].
Tras los acontecimientos del 7 de octubre de 2023, varias organizaciones han puesto en marcha dispositivos para facilitar la reubicación de familias en kibutzim de la zona fronteriza, con el objetivo de acoger hasta 1.000 [49][50]. Estas iniciativas no conciernen estancias temporales: se dirigen a familias que desean instalarse y participar plenamente en la vida colectiva. Se han creado nuevos kibutzim de educadores, acogiendo a cientos de jóvenes adultos que desean vivir en comunidad contribuyendo a la reconstrucción de las zonas afectadas [51].
Las condiciones de entrada y de salida
El sistema de entrada en un kibutz contemporáneo ilustra un equilibrio interesante entre apertura y compromiso:
Entrada progresiva. La mayoría de los kibutzim proponen un período de prueba de varios meses a un año antes de la adhesión definitiva. El candidato vive en el lugar, trabaja con los demás, y ambas partes evalúan la compatibilidad. Es precisamente el modelo de prueba de 15 días que las CA generalizan.
Contribución financiera a la entrada. Ciertos kibutzim piden ahora un “derecho de entrada” que puede alcanzar varias decenas de miles de euros [48]. No es un obstáculo discriminatorio sino una garantía de compromiso: el candidato invierte en su nueva comunidad. Esta suma puede ser reembolsable parcialmente en caso de partida.
Salida con compensación. Contrariamente a la imagen de una comunidad de la que se sale con las manos vacías, los kibutzim modernos (llamados “renovados”) permiten a los miembros salientes partir con sus ahorros personales acumulados, incluso una parte de la plusvalía inmobiliaria si el modelo lo prevé [42][43]. Esta posibilidad de “salida con algo” es fundamental: garantiza que la entrada no es una trampa.
Estos mecanismos — prueba antes del compromiso, contribución a la entrada, compensación a la salida — corresponden exactamente a los principios de las CA: transparencia sobre las reglas, libertad de salida, y acumulación de un ahorro personal.
Lo que muestra la demanda persistente
Estos datos no “legitiman” en sí las colectividades autónomas — su legitimidad deriva del principio de libre asociación — pero demuestran claramente que este modelo sigue siendo pertinente y útil en un contexto contemporáneo. Muestran que, a pesar de un entorno social dominado por el individualismo:
- Ciertas personas eligen estructuras colectivas por razones de sentido (contribuir a un proyecto común)
- Otras buscan en ellas la estabilidad (marco de vida previsible, comunidad solidaria)
- Otras más la solidaridad (no afrontar solo las dificultades)
- O simplemente una calidad de vida diferente (menos estrés, más vínculos humanos)
La elección persistente de la vida comunitaria, más de un siglo después de la invención del modelo, muestra que este tipo de vida no es ni anacrónico ni marginal: responde a una demanda humana duradera.
12.13 — Una nueva profesión: el consejero en ubicación comunitaria
Si una sociedad pluralista autoriza una gran diversidad de colectividades autónomas — comunidades solidarias, pueblos cooperativos, estructuras liberales, grupos ecológicos, kibutzim modernizados, federaciones de aldeas — una nueva necesidad aparece: ayudar a los individuos a elegir el entorno comunitario que corresponde mejor a sus valores y a su modo de vida.
La emergencia de intermediarios
En la realidad actual, ya se ven emerger estructuras que juegan parcialmente este rol. En Israel, organizaciones como Torenu o el Movimiento Kibutzico sirven de ventanilla de puesta en contacto entre kibutzim y familias que buscan instalarse, orientando a los candidatos según sus preferencias y las necesidades de las comunidades [49][51]. Dispositivos similares existen para los moshavim y otras formas de vida comunitaria.
El modelo propuesto generaliza este fenómeno y formaliza la aparición de una nueva profesión: el consejero en ubicación comunitaria.
El rol del consejero
Este consejero ayuda a cada persona o familia a identificar:
- Su relación con la solidaridad (fuerte, moderada, mínima)
- Su deseo de vida colectiva o al contrario su necesidad de autonomía
- Sus expectativas culturales, educativas, profesionales y sociales
- El tipo de colectividad susceptible de corresponder a sus valores
- Las implicaciones prácticas de una entrada o de una partida
No se trata de promover un modelo particular, sino de hacer legible un paisaje social pluralista. El consejero traduce la libertad teórica en libertad practicable, evitando que la diversidad de colectividades solo beneficie a los más informados o a los más experimentados.
Una función clave en una sociedad de libertad de asociación
La existencia de familias que buscan todavía unirse a kibutzim en 2025 — a pesar de una sociedad individualista — ilustra la necesidad de tal rol: personas desean realmente vivir diferentemente, pero necesitan ayuda para identificar la comunidad que les convendrá mejor.
El consejero en ubicación comunitaria se convierte en un actor clave de la sociedad pluralista:
- Acompaña la diversidad sin orientarla ideológicamente
- Asegura las transiciones (información sobre las reglas, derechos, obligaciones)
- Facilita las pruebas (puesta en contacto con CA que aceptan recién llegados)
- Sigue los recorridos (ayuda a cambiar de estructura si la primera elección no conviene)
Esta profesión puede ser ejercida por independientes, asociaciones, federaciones de CA, o incluso seguros de desempleo en el marco de su misión de reinserción. Su existencia garantiza que la libertad de elegir su modo de vida no quede teórica.